miércoles, 2 de septiembre de 2009

Por las lágrimas de Juan Aguas.

La historia de una gamberrada reflejada en una banda sonora es la que nos ocupa. Ya lo decía el autor de "Cry-Baby" (John Waters, 1990). Él quería ser uno de aquellos delincuentes juveniles en los años cincuenta, pero sus padres no le dejaban. Partiendo de ahí, podemos imaginar la obsesión desarrollada por este niño grande, que se ha dedicado a recuperar el tiempo perdido en la época dorada del rocanrol y que, quizás, no ha tocado fondo todavía; por lo que se deduce de la última "A dirty shame" (John Waters, 2004). "Cry-Baby" podría leerse como una perversión de "American Graffiti" (George Lucas, 1973), celuloides mágicos que inducen a la nostalgia por efímero que sea el referente. Un filme muy considerado, junto a otro que se ríe de Janeiro, que es lo que ha hecho el del bigotillo toda su vida.
Sin complejos nos planta una banda sonora nada aburrida, brillante con b de serie b, que refleja, mucho mejor que otras, la música popular que sonaba en aquellos días. No se pierde en grandes éxitos o en las típicas basuras a las que nos tienen acostumbrados los revivalistas. Lástima no estén todos los temas que suenan durante la película, supongo, cómo no, por asuntos legales y demás cortapisas comerciales (no olvidemos el cine es industria no arte). Pues tenemos entre manos un asunto de baja categoría, es lo que quiere darnos el autor... Nos está diciendo: ¡Cojan la cámara, señores, serán más felices! La banda sonora, claro, es fiel a la parodia. Se codean temas cantados por los personajes y compuestos para la peli (Por ahí anda el bueno de Dave Alvin), con temas originales de la época y formaciones reales poco conocidas o inventadas para la ocasión; que van al pelo.
Podríamos decir es la banda sonora del país de las navajas, de las peleas entre pijitos de instituto y chicos de pelo grasiento que conducen ataúdes de hierro... Un poco antes del sexo, las drogas y el rocanrol.
*Para los mitómanos también hay dosis, pues hay varios cameos en la cinta... El que quiera descubrirlos, tendrá que verla.

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