viernes, 8 de mayo de 2009

DARK STAR.

Una estrella algo oscura nacía a mediados de los años setenta ("Dark star", John Carpenter, 1974). Más claro está su degénero fantacientífico, fácil de relacionar con todo el cine de ciencia ficción anterior con el añadido humorístico y gamberro de John Carpenter. A su vez, esta cinta "de culto", sirvió como huevo o cigoto de Alien ("Alien", Ridley Scott, 1979), pues el guionista de la primera, Dan O'Bannon, también participó en el guión de Alien, dejándose el sentido del humor por el camino y cambiándolo por dosis de terror, suspense y babas.
La peli empieza con un mensaje desde la tierra, en respuesta a una especie de S.O.S desde la nave, donde se les niega ayuda y se les manda recuerdos de manera muy amable. La tripulación, una panda de barbudos estilo "Freak Brothers", no parece muy alterada y sigue con su misión, buscando otros lugares para su futura colonización, además de continuar con su tarea de fulminar planetas inestables; para lo que cuenta con "bombas termoestelares exponenciales" inteligentes. Tanto la computadora central como los miembros de la tripulación se dedican a charlar con las bombas de forma directa, para darles instrucciones precisas, valorar órdenes erróneas, incluso entablar discusiones filosóficas... Cosa que resulta de lo más normal, dentro del universo de esa nave, que bien podría haber sido construida por el mismísimo Diógenes.
El mando recae en el teniente Doolittle, pues el comandante Powell murió y ahora sólo puede ser consultado en su cámara criogenizado. El resto son el sargento Pinback, Boiler y Talby. Ah, también llevan una mascota, parecida a un kaki o palosanto gigante putrefacto (salta, ataca, camina y hace ruidos), recogida en un planeta extraño, un planeta terrible sin duda. Se trata de una pelota de playa, con unos topos pintados y unas garras verdes, que da más vergüenza que miedo y aporta un toque de "glamour" a la cinta que ni Andy Warhol.
Y así transcurre su existencia en el espacio exterior, una "rutina" que no envidiaría ni el más pintao de los envidiosos. Todo lo que podría parecer una aventura apasionante, se convierte en comer todos los días pollo, luchar con la mascota... Y, claro, Doolittle está obsesionado con ir a surfear a Malibú, Talby no baja de la cúpula, allí pasa las horas totalmente ausente mirando las estrellas... Un desorden, un sin Dios intergaláctico.

*Dedicado a mi primo Santiago, que fué el primero en darme a conocer esta película en VHS, claro.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Termoestelar es donde mantienes caliente el café (tú).