sábado, 31 de enero de 2009

Vamos de cumpleaños.

Le he compuesto a Miguel estas rimas, espero se aplaudan a rabiar como las quintillas de aquel tío.

Soneto accidentado para Miguel Fernández Labayen.

El último de Enero manó la miel,
en ultramar era bien conocido,
pues la ballena sopla su apellido
como el angelote llamado Miguel.

Fernández de segundo volcó un batel,
quedó del sifón y del coco abatido,
en San Ignacio lo ingresaron dormido,
cegado el azul de los güellos de aquel.

Pasaban las olas como los días,
el profesor seguía desmayado,
soñaba que arponeaba en las rías.

Resonó el despertador asustado,
parecía un filme de tonterías,
recordaba nada de su pasado.

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